sábado, 26 de noviembre de 2011

Capítulo 9

5 de Septiembre de 2010:

Nunca un "bip-bip" la había despertado y menos de tan buen humor.
Ka se frotó los ojos a la par que se incorporó en la cama. Suspiró. Seguidamente retiró las finas sábanas que retenían sus piernas en la cama y se puso de pié. Descalza, ando hasta la mesa que tenía enfrente de la cama, una especie de tocador que Ka usaba como cesto de la ropa sucia y para dejar el móvil cuando se iba a dormir.
Cogió dicho móvil y desbloqueó la pantalla. Un mensaje. Ka no tuvo que abrirlo para saber de quién era:
"BUENOS DÍAS. ME HE QUEDADO SIN GENTE A LA QUE ACOSAR Y ME PREGUNTABA SI ME DEJARÍAS DARTE EL COÑAZO ESTA TARDE ".
Ka se rió. Lo cierto es que cuando le dió el número de móvil a Adrián pensó que éste le acosaría con llamadas perdidas y mensajes, y más cuando esa misma noche le mandó uno. Pero de eso hacía ya dos días y desde entonces no había vuelto a envíarla ninguno más.
"¿ME OFRECES UN BUEN PLAN DE ACOSO?".
Ka esperó unos segundos a que Adrián le contestara. Hizo apuestas consigo misma sobre si tardría más de 10 segundos. A los 8 llegó la contestación.
"TE OFREZCO EL MEJOR PLAN QUE HAYAS TENIDO EN LA VIDA".
Ka contestó rápidamente:
"¿ENTONCES EN QUÉ LUGAR Y A QUÉ HORA ME CITAS?".
Adrián pareció no pensárselo mucho:
"TE ESPERO A LAS 17:00 EN LA CALLE DONDE ME TROPECÉ CONTIGO, POR CASUALIDAD, COMO TU SABES..."
Ka suspiró. Sí, claro, por casualidad... Como bien decía Adrián, ella bien lo sabía.


En otra casa diferente...


Adrián tuvo que pensar un plan cuando Ka aceptó pasar la tarde con él. La había prometido tener un planazo sólo para que ella no se negara, pero ahora se había quedado con el marrón. ¿Qué podía hacer con ella?
Adrián quería llevarla a más sitios como la vieja heladería, dónde se lo pasaron genial y ka le confesó su primer secreto. Quería llevarla a comer a sitios fantásticos, pero Adrián no tenía dinero y le parecía una grosería pedirla a ella que lo pagara todo. Por otro lado, a su padre no podía pedirle nada ni en broma. Lo último que le apetecía es tener que enfrentarse a él y acabar peor.
Tendría que conformarse con algún lugar bonito, donde llevarla y poder hablar juntos. Adrián pensó que lugar podía ser así y solo se le ocurría el puente se conocieron. 
El puente era un lugar precioso. En primavera era cuando más bonito se ponía y las parejas se iban a pie del río a pasar una agradable tarde. Incluso cuando el río tenía un generoso caudal y no estaba seco, la gente de los alrededores iban a bañarse en familia, como hacían él y su madre cuando era pequeño. Pero el río se secó y todos los momentos felices desaparecieron.
Adrián suspiró. Pensando en el pasado no iba a encontrar un plan para aquella tarde. ¿Qué le gustaría hacer a Ka? No tenía ni idea.
Tras pensar un largo cuarto de hora tumbado en la cama, decidió no elaborar un plan y dejarse llevar por lo que les ocurriera a los dos.
Además, Ka tendría algún plan B como siempre, ¿no?


Unas cuantas horas más tarde...


Ka se despidió de su abuela.
-No creo que llegue muy tarde.
-¿Vas a cenar aquí?
Ka lo pensó. Llevaba sin salir casi 2 días y le apetecía pasar toda la noche en la calle, pero no sabía si Adrián podría quedarse con ella o incluso darla de cenar. No le conocía muy bien, no sabía si sus padres iban a dejarle, por lo que decidió no arriesgarse:
-Sí, cenaré aquí. No vendré muy tarde, abuela.
Dio un beso a su abuela y cogió las llaves antes de salir. 
Se dirigió a la calle principal dónde Adrián se había tropezado con ella hacía dos mañanas.
Sonrió. ¿Cómo se puede estar tan mal de ir todos los días a una calle sólo para tropezarse con alguien que pasa siempre por ahí? Sonaba como a película romántica americana. Y a Ka no le gustaba nada ese tipo de películas. Sin embargo, lo que hizo Adrián por ella la agradaba, la hacía gracia y en el fondo, muy en el fondo, lo agradecía. Pero eso era algo que ella no estaba dispuesta a admitir.
Anduvo, buscando algún plan que se le pudiera haber pasado por la cabeza a Adrián. Por ella, podían irse donde fuera y fumar o beber, eso sí, cervezas con control o tabaco normal. Seguía con la idea de no decepcionar a su abuela. Pero como Adrián había dicho que tendría un plan, ella decidió no comerse la cabeza.
Normalmente Ka iba por la calle escuchando música muy alta en sus cascos y mirando hacia un punto muerto, pues no le gustaba ver a la gente pasar, familias jugando y parejas besándose. No le gustaba porque le parecía muy falso todo. Sonreían como si al llegar a casa las madres no se tiraran de los pelos y chillasen a sus hijos llorando, o como si las parejas se fueran fieles siempre y jamás hayan discutido por una tercera persona.
Sin embargo aquel día se dejó los cascos en su casa y caminaba observando a la gente que pasaba. En aquel último mes de verano se respiraba aire con olor a sol, y le gustaba la brisa que le acariciaba sus mejillas. A esas alturas del verano el sol no te ahogaba, pero te calentaba lo suficiente para no morir de frío, y Ka podía llevar sus sudaderas perfectamente bien.
Aunque lo cierto era que destacaba mucho con las chicas de su edad. Chicas con 16 años como ella, se vestían con pantalones cortos, cinturones anchos y camisetas con una manga descubierta, se arreglaban el pelo con moños bonitos o tirabuzones imposibles y se maquillaban la piel con tatuajes, pircings y eyeliner y máscara. Todas las chicas de su edad menos ella.
Ka suspiró. Ella no era ella.


***


Ka llegó a la calle principal ni muy pronto ni muy tarde. Quizás solamente un par de minutos más tarde de la hora acordada. Miró por encima de la gente que caminaba al ritmo de las corrientes de un río, y encontró a Adrián buscándola también.
Increíblemente Ka sonrió. Fue a su lado a la vez que él caminaba hacia ella, y pararon uno enfrente del otro cuando se tuvieron a tan solo 10 centímetros. Se miraron y no supieron exactamente por qué, ni que les pasaba por dentro, por lo que no podían moverse. Adrián miró los azules ojos de Ka, y ella los negros ojos de él. ¿Qué escondían los ojos de ambos?
Por fin, Ka decidió hablar y apartar la mirada:
-Bien, ¿qué vamos a hacer esta tarde?
Adrián salió de un trance y se metió en un marrón en cuestión de segundos. Al contrario de lo que había pensado, Ka no tenía un plan B. ¿Qué decía ahora?
Adrián tartamudeó mucho:
-¿Eh? Pues... esto... no... no... no sé muy bien a dónde llevarte. Tenía pensado ir al puente...
Ka se llevó un chasco muy grande.
-Perfecto, no tienes plan.
Y echó a andar por delante de él dirección al puente.
A Adrián se le caía la cara de vergüenza al no tener ningún plan, y encima estaba disgustado porque Ka parecía estar enfadado con él. No le había dirigido la palabra en todo el trayecto hasta el puente. Ni si quiera le había mirado la bonita camisa que se había puesto para ella.
-Ka...
Ka no se paró, siguió andando.
-¿Qué?
Adrián tragó saliva.
-Joder, Ka. Lo siento de verdad...
-Me dijiste que tenías un plan pensado. Me has mentido.
Adrián suspiró.
-Tengo muchísimos planes pensados. Quería llevarte a merendar a un burguer nuevo que abrieron hace dos semanas dónde te hacen hamburguesas del tamaño de un plato, o también quería ver contigo una nueva película que han estrenado en el cine. El problema es que no he podido hacer ninguno...
Ka se dignó a mirarle.
-¿Por qué no has podido?
Adrián negó con la cabeza. No quería decirle el por qué. Era demasiado vergonzoso. No podía. No quería.
-¿Por qué?- insistió Ka.
Adrián suspiró. No podía negarse con ella.
-No tengo dinero...
Ka echó a reír, lo que a Adrián le molestó muchísimo. Si lo llegaba a saber, no se lo hubiera dicho...
-Joder...- soltó por lo bajo.
Ka se dio cuenta. Adrián estaba decepcionado.
-Perdona. No te lo tomes a mal, es solo que me hace gracia que no me hayas pedido que lo pague yo.
Adrián se sorprendió ante tal respuesta.
-Pensaba que te enfadarías o algo así.
-Venga, es dinero. A mi me sobra, no me importa gastarme 20 euros en una sesión de cine con tal de hacer algo y no estar aburridos.
-No lo sabía...
-Lo sé, y por ello te perdono, pero para la próxima ya lo sabes.
Ka le sonrió y más animada suavizó su paso para ir al lado de Adrián.
Durante el camino estuvieron hablando sobre los diferentes restaurantes que habían ido los dos, y Adrián se dio cuenta de la cantidad de dinero que tendría que tener Ka, y de la cantidad de sitios que había visitado. O mejor dicho, los pocos sitios a los que había ido él. A su familia nunca le había sobrado el dinero, al contrario, siempre faltaba algo, y Adrián jamás obtuvo paga. Todo el dinero que había conseguido reunir alguna vez se lo había su madre generosamente por ayudarla a hacer la casa o el dinero que le daban por reyes, que tampoco era mucho, lo ahorraba durante todo el año, gastándoselo de poco en poco.
Cuando llegaron al puente, estaban muy cansados de andar y se sentaron en el medio, con las piernas colgando hacia el vacío, de la misma forma que había encontrado Adrián a Ka sentada la noche que la conoció. La verdad era una postura bastante cómoda, pues podías apoyar los brazos sobre el primer palo del puente empezando desde abajo. Ambos miraron al frente y se dispusieron a pensar cada uno en una cosa. Adrián pensó en lo bonito que era el paisaje hace tan solo cinco años, cuando la gente de su edad no venía a usarlo como picadero y te encontrabas cada mañana al visitarlo un par de condones por cada botella derramada de vodka;  y Ka pensó en lo mal que estuvo en ese mismo puente hace un par de semanas y lo bien que estaba aquel día, con Adrián.
Pero pensar cada uno en lo suyo no resultaba divertido. Los dos sabían que se estaban aburriendo, pero a Adrián le preocupaba más por ella. Había entre los dos un silencio incómodo que no sabían como matar. De vez en cuando uno echaba una mirada fugaz al otro, sin que se diera cuenta, y esperando que dijera algo.
-¿Qué tal el día?- sólo se le ocurrió preguntar a Adrián.
-Bien.
Ka tampoco ponía mucho de su parte, pues una respuesta corta como esa mataba todo intento de conversación sobre el día, o lo que fuera.
-Ah....
-¿Y el tuyo?
-Bueno, bien...- lo cierto es que a Adrián si que no le apetecía contarla nada de sus días. No eran reconfortantes.
Pasaron otros diez minutos mirando al frente pensando cada uno en lo suyo, aunque esta vez los pensamientos eran los mismos: "¿Qué hago y que digo?".
-Podríamos hacer algo...-sugirió Ka.
-¿El qué?- hizo Adrián la pregunta del millón.
-No sé, piensa tú, el plan iba a ser tuyo, ¿no?
Adrián calló.
-Sí... claro...- y se puso rápidamente a pensar.
Al cabo de otros cinco minutos en silencio Ka estaba que no podía de rabia por sentir que había perdido el tiempo con aquel chico que para ella seguía siendo un desconocido, cuando Adrián habló:
-Tengo una idea... pero no creo que quieras...
-¿Por qué?
-No sé... Eres una chica, y a las chicas no les suele gustar eso.
Ka se cruzó de brazos y le miró con una ceja levantada:
-Sorpréndeme.
-Tengo una canasta de baloncesto en mi parcela...
Ka echó a reír y se levantó rápidamente:
-Ay, Adrián, te has olvidado de que estás con una chica no muy normal. ¡Me encanta el baloncesto, así que llévame corriendo a esa canasta!
A Adrián le alegraba saber que había encontrado algo con lo que entretenerse los dos, pero no sabía muy bien le iba a gustar jugar a Ka al baloncesto. Era algo con lo que jugaba con su primo, o algún amigo que éste se traía. Estaba acostumbrado a encestar y pegarse de mentira con los chicos, pero... con Ka no podía hacer eso, ¿no? 


Más tarde en la parcela de Adrián...


Ka encestó de nuevo:
-¡Ohhhh, menuda paliza!- se burlaba ella.
Ka se ría como loca y disfrutaba como una niña. Sin duda le gustaba el baloncesto.
-Bah, eso es porque te estoy dejando ganar, ya sabes, las damas primero...- se burlaba él internamente humillado.
-¿¡Cómo!? ¡Retira eso!- dijo Ka amenazante.
-¿Qué vas a hacer? ¿Me vas a matar?
Ka sonrió irónicamente:
-Arg, eres hombre muerto.
Y corrió hacia él. Adrián intentó huir y Ka se subió a su espalda, pegándolo como pudo. 
Ka tenía fuerza, pero a Adrián le agradaba estar así con ella. Le gustaba verla reír y chillar de euforia con él. Le gustaba verla saltar levemente para encestar el balón, y le gustaba ver la sonrisa de victoria que se le creaba cuando el balón entraba por el aro. Y más le gustaba tenerla encima, jugando con él.
-¡Para, para! ¡Estoy muerto, estoy muerto! 
Ka se bajó de la espalda de Adrián y dejó que este se reincorporara. 
-¿Qué? ¿Quieres la revancha?
-Uf, estoy matado. No tengo fuerzas para otra.
Ka echó a reír más fuerte.
-Tienes razón. Yo también estoy cansada y hambrienta. ¿Me das de comer?
Adrián la miró. Era cierto, desde que habían llegado a su parcela no se le había ocurrido ofrecerle ni siquiera algo de beber.
-Claro, ven. Vamos dentro de mi casa.
Ka soltó el balón y siguió a Adrián como un perro sigue a su dueño con comida. Se metieron dentro de la casa. Sin dejar de seguir a Adrián, Ka iba mirando toda la casa. Sabía que ya había estado allí, pero estaba tan borracha que ni siquiera recordaba la habitación de Adrián. La entrada era simple, con un perchero colgado en la pared, en la pared contraria un espejo y el telefonillo desde donde se habría la parcela. Enfrente tenían el comedor, pero estaba cerrado por dos puertas grandes. A la izquierda se encontraba la cocina donde se metió Adrián. Era una cocina mediana, ni muy grande, ni muy pequeña, pues tenían dentro una mesita pequeña azul a juego con los muebles blancos y azul marino. Era bonita, un poco antigua, pero bonita.
-Bien, no sé que habrá en la nevera, así que si quieres abrirla y mirar que hay, adelante, es toda tuya.
Ka sonrió a Adrián. Se puso delante de la nevera blanca y la abrió. La encontró casi toda vacía, pero había una cosa que abundaba y la llamó realmente la atención:
-Adrián, ¿están tus padres aquí?
Adrián no entendía por qué esa pregunta.
-No, ¿por?
-Bueno... he visto algo que me gustaría beber.
Ka sacó de la nevera un pack de 24 cervezas con alcohol de una marca de tienda. En la cara se le había dibujado una bonita sonrisa de deseo y miraba a Adrián intentando seducirle para que este no se pudiera negar. Y le costó, pero lo hizo:
-No.
A Ka se le borró la sonrisa.
-¿Qué?
-Que no, Ka. Mi padre se va a dar cuenta...
-Oh, venga, solo una. ¿Cómo se va a dar cuenta por sólo una?
-Que no, Ka... De verdad.
Ka suspiró. No le iba a obligar a hacer algo que no quisiera y menos siendo su casa. Miró de nuevo la nevera y solo vio algún par de yogures, algo de embutido y tres huevos. Pensó que aquello parecía una casa de pobres. ¿Cómo podían tener tan poca comida? Pareció que Adrián había oído sus pensamientos:
-Hay pocas cosas porque tengo que hacer la compra mañana. Lo siento.
Ka intentó disimular su decepción cerrando la nevera y sonriendo a Adrián:
-No pasa nada. Me haré un bocadillo de salchichón o algo así.
Adrián cogió una barra de pan empezada de dentro de un armario y cortó dos trozos grandes, mientras Ka sacó de la nevera el salchichón que quedaba en el cajón de los embutidos y lo puso sobre los dos bocadillos. Cuando lo terminaron de hacer y limpiaron la cocina, Adrián la invitó a pasar al comedor.
El comedor era más grande de lo que Ka había imaginado. Tenía dos sofás grandes, una mesa con 6 sillas, un mueble donde guardaban manteles y vajillas y el mueble donde estaban las fotos familiares y el televisor. Ka, como casi todas las personas que entran en una casa nueva, se paseó por el mueble del televisor mirando las fotos. Vio fotos de Adrián cuando era un bebé, Adrián en la guardería, Adrián en el parque de atracciones... Tenía muchas fotos de él cuando tendría unos cinco años. Pero una foto la llamó la atención a Ka. Era una mujer, bien  joven de unos 20 años, rubia con el pelo por los hombros, tumbada en una cama blanca abrazando a un niño de unos 2 años. Era una foto preciosa...
-¿Quienes son?- preguntó Ka.
Adrián se acercó a mirar la foto. Una mueca de no sé sabe bien, cruzó su cara, poniéndole casi serio. A Adrián le gustaba mucho esa foto también.
-Somos mi madre y yo, cuando tenía 2 años.
-Parece muy joven, ¿no?
-Sí... Me tuvo con 19 años. Se casó con mi padre a los 20.
Ka sonrió levemente. Esa historia le sonaba mucho. 
-Mi madre también me tuvo muy joven. Se quedó embarazada de mí con 16 años, y mi padre se piró dejándola sola. Luego mi madre se enamoró de un inglés, se fue a vivir a Londres y me dejó a mi aquí con mi abuela.
Adrián se sorprendió. Parecía que su familia no era la única "rara".
-Pero bueno, da igual.
Ka dejó la foto dónde estaba y se sentó en el sofá. Adrián hizo lo mismo. Empezaron a comer sus bocadillos. De pronto a Adrián se le ocurrió una cosa:
-Me he quedado sin saldo.
Ka le miró sin entender muy bien que la quería decir.
-¿Y...?
-Que si quiero llamarte, no puedo hacerlo. ¿Cómo puedo hablar contigo?
A Ka se le ocurrió una forma de hablar con él, pues al fin y al cabo la utilizaban todos los adolescentes.
-Te doy mi Tuenti.
A Adrián le dio apuro agregarla al Tuenti. ¿Cuántos amigos tendría Ka? ¿100? ¿200? El tenía tan solo 50, y 30 de ellos familiares... Pero no le quedaba otra que dárselo si quería contactar con ella.
-Está bien, dímelo y te agrego.
-Apuntalo, ¿no?
Adrián la sonrió:
-Créeme que no se me olvidará jamás.


06 de Septiembre de 2010:


A las 10:00 de la mañana Adrián ya estaba despierto, vestido y había desayunado. Se había levantado pronto para hacer la compra y no pasar la vergüenza que había pasado el día anterior cuando Ka le pidió algo de merendar. Pero no se fue sin antes hacer algo que llevaba desde anoche queriendo hacer.
Se metió en su Tuenti, y en la barra de buscar amigos escribió: "Ka Sánchez Domínguez". Adrián pensó si de verdad su nombre era Ka, o era algún apodo. Algún día tendría que preguntárselo. Clicleó sobre la foto en miniatura. Ni si quiera era una foto suya, era de un rapero no muy conocido. Se metió en sus albumnes, y vio que ella no tenía ninguna foto subida y en las que estaba etiquetada era de algún que otro botellón con sus amigos. Nada interesante, ni tablones, ni estados... Ni si quiera tenía su edad bien puesta.
Adrián suspiró y cerró el Tuenti, apagó el ordenador y se levantó de la silla del escritorio de su habitación. ¿Por qué era así Ka? ¿Por qué no era una chica normal? Era tan misteriosa...
Se fue de la habitación con el monedero en la mano. La noche anterior su padre le dio dinero para que comprase la comida. Ahí es cuando Adrián jugaba sucio y compraba de las marcas más baratas para que sobrase algo de dinero y pudiese quedárselo. Además, luego su padre venía de trabajar en malas condiciones y no se acordaba tampoco de las vueltas de la compra. Adrián salió de casa y fue a comprar al mercado que había cerca de la calle principal. Era el más barato. También se lo enseñó su madre.


A las 12:00 en casa de Ka...


Se despertó aquel día muy contenta y con ganas de salir. Pero sabía que no tenía con quién hacerlo, que se había quedado sin amigos. Sin embargo, todavía le quedaba alguien... Adrián.
Podría llamarle y quedar con él. Podría decirle que planes hacer. Pero Ka estaba aquel día divertida y le apetecía innovar cosas.
Decidió levantarse, vestirse y peinarse y desayunar pronto. Luego salió a la calle enseguida con la intención de ir a buscar a Adrián a su casa. Era un poco arriesgado, puesto que Ka no sabía si Adrián iba a estar, o si habría salido con sus amigos por ahí... Sin embargo decidió seguir adelante.
Cada vez se daba más cuenta de que estar con Adrián la hacía sentir bien, la hacía sentir una persona madura, que no perdía los papeles. Le hacía sentir mejor persona. Con Adrián no decepcionaba a nadie. Sin embargo, como todo tiene sus pros y sus contras, lo que no le gustaba de estar con él era la poca diversión que tenían. Vale que no podía perder los papeles, pero, había ciertas cosas que Ka no estaba dispuesta a quitar de su vida, o no por ahora. Es decir, la gente como ella no cambia de la noche a la mañana, y el alcohol, el tabaco y demás vicios, se dejan poco a poco porque de golpe te mata.
"Menos mal que me aprendí el camino" pensó cuando llegó al puente y tuvo que meterse hacia el bosque para llegar a la parcela. Aquel día había ido andando en vez de coger el metro, y desde luego había un buen trecho. Ka vivía casi en el centro de la ciudad, y él en las afueras.
Pero  no importaba, Ka quería caminar, despejarse. Además quería pasar por algún chino a comprar algo... 
Cuando estuvo en el puente no pudo evitar preguntarse que habría pasado con Yoli, si estaría ya bien, y sobre todo que iba a pasar con ella. Pero negó con la cabeza para esfumar esos pensamientos de su cabeza.
-No vale la pena pensar eso ahora- se dijo en voz alta.
Siguió caminando hasta que dio con la parcela de Adrián. Antes de llamar paró unos segundos delante de la verja e inspiró hondo. Luego, llamó.
Adrián escuchó el timbre de la verja. Alguien había llamado y era muy raro porque nadie venía a verlos. Pensó que quizás podría ser su primo Carlos, que se hubiera dado cuenta de que se habían distanciado mucho y hubiera decidido por motivación propia venir a ver a su primo pequeño. 
Se dirigió al telefonillo pensando que le parecía extraño que su primo se dignara a venir a verle.
-¿Quién es?- preguntó Adrián.
-El coco- se oyó una risa, parecida a la de una niña.
Adrián frunció el ceño. ¿Quién era?
-¿Quién es?- insistió.
-Abre, vengo a divertirte un poco.
Seguía sin saber quien podía ser. Sabía que era una chica, pero, ¿qué chica que conociese iba a venir a verle y divertirle un poco?
-¿Perdone...?- dijo confuso.

-¡Abre, joder!- contestaron ya muy borde.
Del impacto ante tanta agresividad, Adrián pulsó el botón para abrir la verja y se arrepintió al instante. Abrió rápidamente la puerta para mirar quien era y cerrar a tiempo por si no era nadie conocido. Pero cuando abrió, se quedó completamente atónito.
Una chica morena, con una sudadera blanca se dirigía hacia él. Conocía perfectamente esos ojos azules, y esa sonrisa tan bonita que pocas veces se hacía ver. Conocía a esa chica que, el primer día no la pareció muy guapa, pero que esa misma mañana la veía extremadamente preciosa, incluso sin peinar. A Adrián le dio un pinchazo en el corazón.
-Hola, fantasma- le saludó ella.
Adrián no podía hablar. Su interior le ordenaba con todas sus fuerzas decir tan solo un par de sílabas, pero su cuerpo no reaccionada.
-Ho...hola...- dijo por fin.
-¿Me dejas pasar, por favor?
Adrián se quitó del medio de la puerta y Ka entró dentro. Se sentó en el comedor y dejó una bolsa encima de la mesa. Adrián cerró la puerta y fue con ella.
-No están tus padres hoy tampoco, ¿verdad?
-No...
-¿Van a venir tarde?
-Sí...
-Perfecto. Traigo el plan perfecto para una aburrida mañana de verano.
Adrián se sentó a su lado esperando que Ka le contara. Ka sacó de la bolsa un pack de 8 cervezas con una sonrisa de oreja en oreja.
-¡Bebida fresca!
Adrián salió del trance en que solía entrar al ver a Ka y reaccionó rápidamente:
-¿Qué? No, espera...
-¿Qué pasa?, las he pagado yo, no le robaremos nada a tu padre.
-Pero... ¿quieres emborracharte? ¿Ya? ¿Desde por la mañana? 
Ka echó a reír.
-Para el carro, soldado. Con un par de cervezas no nos vamos a emborrachar, además de que yo soy la primera que no quiere liarla y tener que depender de ti para llegar a mi casa.
Adrián se tranquilizó más al ver que Ka no tenía pensado montar ningún tipo de escándalo en su casa, y decidió aceptar el plan.
-Está bien...
-Nos echaremos unas risas, ya verás.
Ka abrió un par de cervezas y le tendió una a Adrián. Ka se la bebió en cuestión de minutos, mientras que Adrián sólo le había dado tres tragos.
-¿No te gusta?
-Digamos que no me gusta mucho la gente que bebe...
Ka le miró fijamente.
-¿Por qué?
Adrián se puso serio.
-Digamos que conozco gente que empezó a beber y ha cambiado mucho...
Ka se puso seria también, pero enseguida se le pasó.
-Hay que saber beber, controlarse y esas cosas. Quien excede es cierto que cambia. Yo también he visto gente así.
Adrián sonrió. Desde luego parecía que Ka le comprendía.
Siguieron bebiendo y hablando de cosas absurdas. Cuando Ka llevaba ya tres cervezas y estaba un poco chisposa dijo:
-Joder... Se está tan a gusto bebiendo aquí, sentados... 
-Sí...- Adrián también parecía estar un poco mareado.
-Adrián...
-Dime.
-Si tienes la casa siempre vacía, ¿por qué no venís aquí tus amigos y tú a pasar el rato juntos?
Adrián en una ocasión normal hubiera respondido cualquier mentira con tal de aparentar lo que no era, pero el efecto de un poco de alcohol y el gusto de estar con Ka le nublaban de algún modo la mente y respondió lo más sinceramente que hubiera contestado jamás:
-Vendrían si los tuviera.
Ka no entendió muy bien la respuesta. ¿Qué quería decir? ¿Qué no tenía amigos?
-¿No tienes amigos?
-No...
-Pero... ¿por qué? Todo el mundo tiene amigos en el instituto, ¿no?
-Yo no. Se ríen de mí.
Ka le miró con cara de pena. Es esa cara que a Adrián no le gustaba ver. Que la gente le mirara con pena por todo lo que le pasaba no le gustaba nada. Lo odiaba.
Ka parecía muy seria cuando dijo:
-La gente a veces es muy gilipollas... Si quieres hablarlo...
Adrián suspiró. Ya que había empezado la historia, ¿por qué no contársela del todo?
-No hay mucho que contar. Son un grupo grande de gente que fuma y se emborracha todos los días. Algunos iban conmigo en el colegio y desde entonces ya me acosaban. Se unen y se ríen de la gente sin motivo aparente. Se meten con quien les apetece... Conmigo la tomaron desde que entré en el instituto. Era el típico niño marginado, el niño de mamá que no hacía cosas malas, o "guays". Hace poco, este año, se crearon rumores sobre mi madre y bueno... acabaron dándome ostias.
Ka se quedó sorprendida. Adrián lo tenía que pasar muy mal en su día a día en el instituto.
-No sé como puede haber chicos así...- dijo.
-No son solo chicos. También están ellas. Se dedican a falsear sobre tu vida y mientras te pegan, animan a sus amigos y te humillan escupiéndote.
-¿¡Te escupieron!?
-No, a mi por suerte no.

Ka se quedó en silencio sin saber que decir. Luego, habló:
-Pero... ¿no tienes ni si quiera un amigo aunque sea fuera del instituto?
Adrián pensó en su primo.

-Bueno, hasta hace poco, y sobretodo de pequeño, mi único y mejor amigo era mi primo mayor. Nos llevábamos bastante bien hasta que hace un año empezó a beber y... ya sabes, la gente cambia.
Ka sintió más lástima todavía.
-Entonces, ¿sólo me tienes a mí?
A Adrián le había destrozado tal conversación, pero la pregunta que le había echo Ka le había iluminado. Ka había echo la pregunta del tan forma que parecía que daba a entender que la tenía a ella, que era su amiga y que podía contar con ella. Sonrió y la miró a los ojos:
-Eso parece.
Ka sintió el impulso de abrazarle, de acariciarle y consolarlo, decirle que no pasaba nada, que ella también había sufrido mucho y que estaría a su lado, pero iba en contra de sus principios y se obligó a tan solo sonreírle. Luego cambió de tema bruscamente y preguntó por un ordenador.
-Aún no he visto tu Tuenti, así que, ¡dame un ordenador!
-Vale, espera, ahora traigo el portátil.
Adrián llegó en 10 segundos al comedor con un ordenador portátil. Ka lo encendió y se metió en su Tuenti. Iba a buscar el nombre de Adrián entre sus amigos cuando de pronto vio una novedad: una etiqueta en una foto.
Ka, curiosa pinchó en la foto. Se quedó petrificada.
En la foto aparecía una chica de melenita castaña, un poco más corta que la de Ka. Todo sería normal si no fuera porque salía en medio de un bosque, sin pantalones, con la camiseta rota y la cara llena de sangre. Aparecía con los ojos cerrados.
Ka miró el título de la foto:
"Cuidado". 
Luego miró quién la había subido: "Yoli Montoya".
Ka tragó saliva. No podía dejar de ver a la pobre chica de la foto. Sabía perfectamente por qué Yoli había subido esa foto. Sabía perfectamente por qué había puesto ese título. Sabía perfectamente que la había cagado muchísimo.
-Ka... ¿quién es esa chica?- preguntó Adrián con la piel de gallina.
Ka tenía los ojos llorosos. Cerró de golpe el ordenador, y se dirigió corriendo a la puerta. Cuando a Adrián le dio tiempo a reaccionar y levantarse Ka ya se había ido corriendo.
¿Qué había pasado?

No hay comentarios:

Publicar un comentario